
El procedimiento es sencillo. Sólo necesitas anilina, colorantes vegetales de tu antropocéntrico color favorito y pollitos inocentes que sólo quieren decir 'piiiii' sin cesar recién nacidos.
Calientas la anilina a unos 40 infernales grados centígrados, considerando que la temperatura corporal de un pollito es de alrededor de 39°C. Es nadamás como si metieras la mano a tu café recién salido de la máquina. Luego, la mezclas con el colorante del que quieres pintar al pobre pollito. ¡Ah! Pero con cuidado, porque la anilina es tóxica. Digo, el pollito nos vale madres, pero tu usa guantes para que no te pase nada.
Ahora toma tu pollito y mételo en una cubeta con agua tibia como si estuvieras remojando un trapo inerte para que no se muera tan pronto y sufra un poquito más. Después, lo metes a la cubeta que está un grado más arriba de su temperatura normal unos traumáticos segundos. Cuando lo saques ya estarán dañadas sus plumitas calientitas de recién nacido para verse bonitas para ti, maldito humano egoísta.
Si te preocupa que te dure un rato tu pollo pintado para exhibirlo como trofeo del raciocinio que tu especie te dio, después de pintarlo mételo en una incubadora u otro lugar igual de calientito para que termine de secarse... No creas que para que no le de frío, ¿eh? Es nadamás para que se seque...
... y así es como hay que hacer!
1 comentario:
OH! Voy corriendo a hacerlo!!! sólo espera a que escupa un poco en la calle, le eche la culpa al gobierno que mi país es una mierda, a que tire unos cuantos desperdicios a la calle para que mi colonia se inunde y después le eche la culpa al gobierno por no limpiar bien las calles, a que robe un poco, a que venda cosas pirata en los vagones del metro y en especial discos para dejar sorda a la gente para traumarles más sus insípidas vidas, a que vaya a dar el grito de nuestra orgullosa independencia, a que acabe el partido de México contra un país peor que el nuestro y que nos humille por ser un país al que se le da un presupuesto ridículo a la Ciencia y uno exorbitante al deporte que da pena ajena y a molestar a mis vecinos enseñándole a mis hijos que chingar al prójimo es la mejor forma de salir adelante y ya, voy pintar un chingo de pollitos para después dejarlos morir en una caja de zapatos en un mercado mientras les muestro a mis hijos lo maravilloso que es no tener respeto ni por la puta vida de mierda... vaya... qué ajetreada es mi vida, la vida de un mexicano promedio...
Publicar un comentario